El Ayuntamiento de Granollers me pidió hace unos días que impartiera una conferencia en el IX Encuentro de la Red Estatal de Ciudades Educadoras. Acudí encantado. Porque considero fundamental que las ciudades en que vivimos se conviertan en escenarios que inviten a todos los ciudadanos y ciudadanas a vivir de forma digna, respetuosa y feliz. Una ciudad limpia, segura, ordenada, ecológica, culta, silenciosa, justa, lúdica, cómoda, solidaria y estética es un marco en el que casi no es posible la delincuencia. Una ciudad limpia es educadora y una ciudad educadora es limpia. Una ciudad silenciosa es educadora y una ciudad educadora es limpia. Y Así sucesivamente.
Dice Richard Florida, en su libro “Ciudades creativas”, que hay tres grandes decisiones en la vida de las personas que condicionan su felicidad: dónde vivir, qué hacer y con quién compartir la vida. La más importante, dice, es la primera. Por eso habla de la geografía de la felicidad. Claro que muchas personas no tienen la posibilidad de elegir. Están condenadas a vivir donde han nacido porque ni siquiera pueden imaginarse otra cosa.